PUENTE FERROVIARIO A PUNTO DE ROMPERSE

Estimados amigos.

En General Pacheco, hay un puente ferroviario a punto de colapsar y nadie hace nada, aún cuando en la empresa conocen que en cualquier momento puede ocurrir un accidente de dimensiones, y que como medida de prevención indican a los conductores pasar por ese puente a doce Km./h.

Vista general

No es sólo el único, hay otro en similares condiciones en Bancalari, pero las imágenes que les estoy enviando son del «Puente Negro», ubicado en Av. Boulogne Sur Mer y Paul Groussac, en General Pacheco.

Está desplazado, se ve desplazado

Este puente ha sido desplazado de su línea a fuerza de ser embestido reiteradas veces por grandes camiones, cuya altura excede la permitida. Razón por la cual, los largueros del puente están cortados casi en su totalidad.

Ha sido «empujado» y está fuera de línea

Quizás si esto se da a conocer con antelación a la gente, quizás «algún funcionario se ponga a funcionar» y se vea la forma de solucionar este tema, antes de que sea demasiado tarde para los pasajeros que viajan en él.

Casi cortado totalmente

Este puente está en la línea es la que corre desde Victoria hasta Capilla del Señor.

Espero que si alguien ve las imágenes que publico, las haga circular. Si no nos cuidamos entre nosotros, hay pocos funcionarios interesados en hacerlo.

Dejar de pertenecer

¿Qué pasa cuando un afiliado a un sindicato se jubila?
¿El sindicato lo deja a su libre albedrío y ya no se interesa más por él, aunque haya aportado durante todo el período en que fue un trabajador afiliado?
Creo que los dirigentes sindicales debieran considerar esto y no soltarle la mano porque ya no aporta… ya no trabaja más.
Pero un gastronómico, un ferroviario, un peón de campo, un trabajador deportivo, un bancario, seguirá siendo lo que era antes de jubilarse… y creo que el haber ayudado a sostener su sindicato mientras trabajó, debiera ser retribuido por su obra social y por la defensa de sus derechos, como la de cobrar siempre actualizado, en tiempo y forma su salario de jubilado.
¿O hay que dejar solo al que ya no trabaja, aunque haya trabajado toda su vida?… ¿Hay que dejarlo que se pudra en las colas del PAMI?
¿Qué se lo trate despectivamente y con impaciencia… cuando no con falta de respeto porque le cuesta entender las novedades de una época que no es la suya?
El jubilado considera «su familia» al gremio al que perteneció… ¡Pero que desilusión cunado su familia lo abandona, se olvida de él y ya no es escuchado…
Cuando tiene necesidades que ya nadie atiende. No es justo.

A mis hermanos católicos

Nuestra religión Católica Apostólica Romana es cristo céntrica, es decir: Cristo, Nuestro Señor, es el centro de nuestra fe religiosa, del cristianismo, del catolicismo. Pero hoy la sociedad de esta: «nuestra era cristiana», pareciera que ha desplazado a Cristo para poner en su lugar al sexo.
Todo gira en derredor de él: que si relaciones sí, que si relaciones no, que si los curas casados, que el celibato, que la ordenación de mujeres, que la igualdad en ambos sexos… y hasta que hay más sexos de los dos conocidos desde siempre, metiendo en esta bolsa la homosexualidad, la zoo-sexualidad etc. y para completarla; la tan mentada teoría de género, que niega el sexo y la sexualidad de las personas… ¡ahora tenemos género en vez de sexo los seres humanos!… y todo está exacerbado en torno al sexo… ahora hay que ser «metro sexual», sea hombre o mujer… tiene que dar la medida, si no, no sirve para la sociedad sexo céntrica.
Hoy hay que ser sexi… cuanto más sexi mejor, y tener mucho sex-appeal, que no se sabe bien qué es, pero hay que tenerlo… y todo debe ser aceptado en un mar de relativismo, a riesgo de ser catalogado como: sexista, (¿?)
Y como siempre; los que están adentro quieren salir y los de fuera quieren entrar y se generan y regeneran corrientes sexistas en pro y en contra y se cruzan acusaciones unas con otras y todo en torno a este carnaval del sexo.
Los derechos del sexo: el sexo libre, el sexo responsable, el derecho a elegir el propio sexo, las libertades sexuales de la mujer si queda embarazada y no quiere ser madre, el derecho a practicar el acto sexual con quien quiera o con lo que quiera… el sexo grupal, las fantasías sexuales, los transexuales, los bisexuales… los heterosexuales y los homos, los hetero-bisexuales y en fin, una infinidad de temas que giran todos en torno al sexo, como si esto fuera lo verdaderamente importante y trascendente en el ser humano y no hubiera otra cosa de importancia fuera de del sexo.
Y así nuestra vida pasa entre el asombro de los que tenemos algunos años y el desdén de las generaciones más recientes… que lo ven todo como normal… y si alguien no lo viera así: «como normal»…, que se viva sólo para el sexo y en el sexo y desde el sexo, sería un inadaptado… un prejuicioso… un arcaico y desubicado moralista en desuso… ¡un desactualizado!
Para quienes el sexo sigue siendo algo íntimo y delicado, y la expresión más amorosa que tienen los esposos de celebrar su unión matrimonial, librada siempre a la procreación por la voluntad divina, se hace difícil llegar al término del día, luego de haber luchado en la preservación de los sentidos ante tanta pornografía en todas parte… en la tele, en la gráfica y en la misma calle, donde a uno le muestran gratis lo que no le interesa ver y el «destape» reina en cualquier rincón de las ciudades y se practican relaciones sexuales de todo tipo en cualquier sitio público y a plena luz del día… total todo es lícito y está permitido…
Decía: para los que somos así, es muy difícil llegar a la noche sin haber caído en alguna mirada deshonesta, en algún pensamiento impuro. Y mucho más difícil es conservar el estado de gracia…, tan preciado para cualquier católico… para cualquier cristiano… esencial para alcanzar la salvación… ¡sin él no se la alcanzará!… esto es así, por la fe que nos enseña la Iglesia ¡esto es así!…
Hoy se acepta lo inaceptable como si tal cosa con el pretexto de que: «hoy se vive así»… las costumbres y los tiempos han cambiado…
Y ni hablar del tiempo de vacaciones… que pareciera que en vez de ser un tiempo para el descanso es un tiempo para el desenfreno y el abandono de las buenas costumbres… donde los valores son jugados a la ruleta… especialmente entre los adolescentes y sus «primeras experiencias solos» y su tan mentado: «debut sexual»… y luego vuelven a casa con «el problemita»… pero que hoy ya no es problema con el «aborto seguro» al que todo adolescente tiene derecho, según lo dicen las leyes nacionales que «supimos conseguir» mediante nuestros iluminados y bien pagados legisladores…
Y el sexo está ahí… reinando desde su trono… contando sus ganancias de la trata de personas, de la droga, de los abortos, de los anticonceptivos y contraconceptivos, de la prostitución en todos los niveles, igual que la pornografía… especialmente la infantil y todo lo demás… pero ahora «es legal» la prostitución y sus agentes son considerados «trabajadores/as sexuales» y hasta con sindicato y todo (AMA, Asociación de Meretrices Argentinas)… y también están las «sexo terapeutas» que mediante la práctica del acto sexual le curan a uno de lo que sea… de la angustia, de los miedos e inseguridades que pueda tener… ¡mejor que un sicólogo!… y hasta recomendado por algunos sicólogos…
Si no fuera que es tristísimo, sería para desternillarse de risa… ¿no?
Y si usted no está conforme con su actividad sexual, la cual tiene que mantener orgullosamente en un promedio elevado, a pesar de los años que pueda usted tener… ¡están la ciencia y la farmacología para ayudarlo!… ¡pero no me vaya usted a bajar el promedio!… sería vergonzante para usted y toda su familia… ¿Qué diría su círculo de amigos si se enteraran que usted ya «no rinde» sexualmente como antes?
Luego está aquello del «apetito sexual»… un gran drama cuando se pierde en esta sociedad sexo céntrica… y hay que aumentarlo como sea… con medicación, con «literatura o películas adecuadas», (pornografía)… y en caso de que eso no resulte, se cambia de hombre o de mujer, según su gusto personal… (Iba a decir su propio sexo, pero eso hoy ya no cuenta)…
Estamos viviendo tiempos sombríos, ¡sin dudas!… y como decíamos en mi barrio: «se nos viene la noche»… una noche oscura para estas sociedades tan desarrolladas y tan sensualizadas en torno al sexo…
Hoy los padres tienen a su alcance el conocer el sexo de su futuro hijo gracias a los avances de la ciencia tecno-médica y muchos comienzan tratamientos para que su hijo sea varón o mujer según sus propios gustos…
¡Qué sorpresa! cuando el día de mañana el niño o la niña les diga que ha cambiado de parecer… que ya no quiere ser de ese sexo con el que nació, y que sus padres eligieron para él, o ella, y que se lo va a cambiar… o que tiene una relación con alguien que es de su misma condición sexual… que no le atrae el sexo opuesto… ¿Y que le van a decir?… ¿Qué está bien?…
Por nuestro bien, queridos hermanos cristianos, quitemos del trono, que sólo debe ser de Nuestro Señor Jesucristo, al sexo, que hoy gobierna las almas y decisiones de mucha gente sin que esto sea del todo advertido.
Se estrenará para julio o agosto en América latina una película blasfema contra Nuestro Señor Jesucristo llamada «Corpus Christi», donde se lo presenta a Jesús y sus discípulos como una comunidad homosexual…
A ese extremo ha llegado la maldad y la mentira… y la persecución a los cristianos. Y como ya ha pasado con aquél otro bodrio-pasquín: El Código Da Vinci, habrá muchos que se crean todo con el consiguiente daño para su alma y salvación. Estemos alerta para desenmascarar y recomendar no ver esa basura y que sea un fracaso total de taquilla.

EL PODER Y EL DEBER

En un lugar de trabajo hay dos personas y una de ellas está bajo las órdenes de la otra. Ésta siempre llega a horario por las mañanas y se retira puntualmente por las tardes.

En cambio la otra, suele llegar a eso de las 10, da unas vueltas por ahí y a las 10,30 se retira. Si hay oportunidad de hacer horas extras las hace aunque no se las paguen, pues las acumula para luego tener días para tomarse cuando quiera o necesite, en cambio, a la otra persona; a la que cumple puntualmente con los horarios establecidos, no se le conceden hacer horas extras y si de casualidad le dan unas horas para el médico o algún trámite que deba hacer, luego tiene que devolverlas quedándose hasta más tarde de sus horarios de salida, para que esas horas no le sean descontadas.

Hasta aquí el planteo de una situación real que conozco… ¡fehacientemente!… y que ocurre a alguien a quien conozco muy bien…

Esto, por supuesto, encierra un dilema… pero veamos de qué tipo.

La persona que manda y que se podría decir: hace lo que le viene en ganas en su trabajo, ¿Puede hacerlo?

Obviamente si, mientras que la otra persona no.

¿Y está bien o está mal que lo haga? Y ¿Por qué ningún superior le dice nada?

Esas son preguntas a las que uno muchas veces no tiene respuestas y sólo puede ser suspicaz al respecto, sospechando que se contravienen reglamentos de horarios y de trabajos por alguna razón a la que pondremos X.

Pero el hecho concreto es que por la razón que sea, esta persona puede… tiene en sí el poder hacerlo, mientras que en la otra persona no está ese mismo «poder hacerlo».

Ahora nos haremos la otra pregunta sobre este dilema: ¿Debe hacer lo que hace esta persona que manda, por así decirlo, mientras que la otra persona, la que él tiene a cargo no puede hacer lo mismo que hace él?

Y ¿La otra persona, la que es puntual y cumplidora… qué debe hacer al respecto? ¿Debe quejarse de la injusticia o debe conformarse, ya que hace todo de acuerdo a los reglamentos de trabajos y horarios?

Aquí se plantean varios aspectos de un conflicto entre lo que se puede y lo que se debe… entre el poder y el deber…

En nuestras sociedades actuales, las pasadas y me temo que tampoco en las futuras, hubo, hay o habrá conflictos ni pujas ¡por el deber!… o los deberes, pero sí por el poder. ¡Todos quieren el poder!… pero le rajan al deber…

El poder disponer del tiempo antojadizamente… poder para tomar decisiones cuando y como quiera… sin consultar a nadie… poder decidir sobre lo que otros deben hacer… es decir: sobre los deberes de los otros… ¡no lo míos!, sino los de los otros… sobre su tiempo y sus haberes… de cuanto dinero podrá disponer por mes, por ejemplo… de cómo y cuando cobrarlo…

Otra pregunta: ¿Es reprobable la conducta de la persona que tiene un cargo al hacer lo que hace? Y uno puede reflexionar que en el mismo lugar, uno haría lo mismo si pudiera… si nadie le dice nada contrario y le da todas las mismas prerrogativas que esta persona tiene en su trabajo…

¿Y qué pasaría entonces con el deber?… ¿Cuál sería nuestro deber en la misma situación?

No hace mucho nos enteramos que el gobierno nacional, una vez más, vació la caja de los jubilados para; según dijeron: pagar deudas de la nación… la famosa deuda externa… ¡y eterna! que tenemos los argentinos, sin haber visto nunca un mando de toda esa guita que dicen que debemos…

Esto el gobierno lo hace porque puede, porque tiene el poder… es el ¡Poder Ejecutivo de la Nación Argentina!… pero… ¿Debe hacerlo, o su deber está en otro lado; para con los jubilados, por ejemplo?…

En el año 2006, el presupuesto para las publicidades en las campañas políticas era de 80 millones. Este gobierno, del mismo signo político, hoy está peleando con la oposición 572 millones… o algo más o menos así… para el mismo fin y toma represalias con los medios privados, no concediéndoles un espacio publicitario oficial pagado, si este medio pone en su plana, o en su grilla de programación; la publicidad con el mensaje de la oposición…

Ahora: ¿Por qué hace esto el gobierno? Por que puede, obviamente… porque se ampara en leyes que él mismo se proveyó anteriormente para hacer lo que hace… «está todo dentro de las normativas»… como les gusta decir a muchos de sus ministros… a uno en especial…que siempre nombra las normativas…

¿Y debe hacer esto así… o cual es su deber… ¡para con todos los ciudadanos a los que gobierna!?

El poder y el deber… ¿Qué tema, y qué dilema no?

EL RESPETO AL LENGUAJE

El respeto al lenguaje

Es elemental el respeto al lenguaje, sobre lo que se fundamenta la comunicación inteligente entre las personas. Si éste se desvirtúa se engendran las herejías, ha dicho un papa de quien no recuerdo ahora su nombre.
Lo cierto es que se le ha dado un nombre a cada cosa para poder entenderse; lo que es blanco, blanco. Lo que es negro; negro… lo frío, lo caliente, lo bueno, lo malo y así todas las cosas han sido definidas necesariamente por los diferentes idiomas en la necesidad de ordenar el entendimiento humano.
Se le llama matrimonio a la unión conyugal de un hombre y una mujer, y hay infinidad de razones para hacerlo, comenzando por las etimológicas, las históricas y un sin fin de otras razones que ya han sido expuestas por muchos y en varias ocasiones.
Es verdad que siempre han existido los eufemismos, con los cuales se disfrazan intensiones al hablar, utilizando elegantemente los idiomas para que las palabras no suenen mal en los oídos de la gente.
Un ejemplo que podría citar es llamar «gay» a quien es homosexual, cuando en realidad, gay es gallo en inglés, y su connotación en español, tiene un sentido muy diferente. Se adjetiva como gallo o muy gallito, a quien son notorias sus cualidades varoniles, sobre todo en sus relaciones con su sexo opuesto, es decir: las mujeres, puesto que los gallos suelen tener muchas gallinas y son muy prolíficos.
Un lenguaje simple y llano, que llame blanco a lo blanco y negro a lo que es negro, no se considera «políticamente correcto».
Entonces hoy se buscan y seleccionan palabras elegantes para definir lo contrario sobre las relaciones entre personas, a lo que siempre se supo que era lo correcto, lo normal… es decir: de acuerdo a las reglas y a las normas, comenzando por las de orden natural y biológico, y por decirlo de un modo más doméstico y conocido: come hai fatto la tua mamma.
En la literatura, provenga de donde provenga, se suelen utilizar figuras para definir situaciones, buscando la elegancia en el decir y el ingenio para armar frases, lo que conocemos como lenguaje retórico.
Con la utilización de este tipo de lenguaje se pueden decir las peores cosas, los peores insultos, pero dentro de un marco tal, que aquél que es insultado, hasta llega a agradecer el insulto y aplaude a quien lo insulta.
Los homosexuales jamás podrán engendrar hijos entre sí, a menos que fuera que estos pudieran fecundarse mutuamente, como lo hacen ciertos bichos hermafroditas, (los caracoles de jardín, por ejemplo), pero es la misma ley natural la que les niega esa posibilidad.
También sabido, que es «políticamente correcto», tener siempre un enemigo… un adversario a quien echarle la culpa de todos los males del mundo… como en la política; que se comienza por «la gestión anterior»… «el negro pasado de las instituciones»… «los enemigos de siempre del pueblo»… «los monopolios»… (por lo general quienes recurren a este último argumento prefieren que los monopolios estén en sus manos para poder disponer de todo libremente)…luego le siguen en la lista: la oposición, la prensa y por supuesto: la Iglesia… como «gran perseguidora de quienes piensan distinto»… (¿?)
Las leyes que provienen de la religión con Dios, (religión significa religar, estar enlazado con Dios, con su moral y sus leyes, tanto en lo natural como en lo sobrenatural), y que son en definitiva las de ésta, nuestra era; la era cristiana… a partir de Cristo, Dios mismo nacido entre nosotros… aclaro esto por si hubiera sido olvidado. Jn 12,47-50 Si alguno oye mis palabras y no las guarda, yo no le juzgo, porque no he venido para juzgar al mundo, sino para salvar al mundo.
El que me rechaza y no recibe mis palabras, ya tiene quien le juzgue: la Palabra que yo he hablado, ésa le juzgará el último día; porque yo no he hablado por mi cuenta, sino que el Padre que me ha enviado me ha mandado lo que tengo que decir y hablar, y yo sé que su mandato es vida eterna.
Por eso, lo que yo hablo lo hablo como el Padre me lo ha dicho a mí.»
Conviene aclarar este punto, ya que la Iglesia, quien obra en nombre de su fundador; (aclaro también esto por si no se tenía en cuenta), que es Nuestro Señor Jesucristo, no juzga ni condena ni prohíbe nada. No hace más que anunciar a las naciones el Evangelio de Cristo.
Lc 4,43 Pero él les dijo: «También a otras ciudades tengo que anunciar la Buena Nueva del Reino de Dios, porque a esto he sido enviado.»
Y la Iglesia simplemente anuncia, tal el mandato que tiene de quien ordenó que así se hiciera: Mt 28,19-20 Id, pues, y haced discípulos a todas las gentes bautizándolas en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo, y enseñándoles a guardar todo lo que yo os he mandado. Y he aquí que yo estoy con vosotros todos los días hasta el fin del mundo.»
Estoy hablando de la Iglesia Católica Apostólica Romana, la única fundada por Jesucristo Nuestro Señor, quien al igual que su fundador y creador, no juzga ni impone nada a nadie… y cada cual elige cómo y quien quiere ser…
No se entiende demasiado entonces los cargos contra la Iglesia que hacen estas comunidades y organizaciones lésbico-gay, travestis, transexuales y otras que andan por ahí, hasta identificándose con ideologías políticas, como esa que se denomina «putos peronistas»
En este sentido, nada más falso que la pretendida igualdad entre los hombres, ya que cada uno, para empezar; es único e irrepetible.
Y está en esa singularidad que cada uno tiene la construcción mutua y gregaria que cada persona asume en una comunidad social cualquiera; desde una pareja, hasta la humanidad entera, porque justamente en las diferencias esta la complementariedad. Dos zapatos izquierdos, no hacen un par de zapatos… esto es así, aunque sean dos…
La verdad es monumental y sólida, como una gran roca inamovible del tamaño de toda una montaña.
Hablar de matrimonio homosexual o «gay», o como se lo quiera llamar, fuera de lo que es el matrimonio entre un hombre y una mujer, es dársela contra la solidez de la monumental verdad…
Se puede quedar desarmado… desalentado y muy confundido. Y lo peor que le puede pasar es que persista en ello y no reconozca la mentira de la que quiere convencerse a sí mismo y a los demás.
La Iglesia, y las leyes que pueden desprenderse de ella y sus enseñanzas, que no son nada más que eso: enseñanzas y no imposiciones, no arremete ni contra los homosexuales ni contra nadie. Simplemente es intransigente con la mentira, puesto que está obligada por mandato mismo de Nuestro Señor Jesucristo a proclamar la verdad, es decir: el Santo Evangelio, nada más.
Hay que tener en cuenta que la Iglesia es católica, esto quiere decir: universal, y esto a su vez quiere decir: para todas las versiones, y no una sola versión masificada, lo que comprende la singularidad de cada uno y la de todos en particular, donde la igualdad pasa por lo de: todos somos igualmente diferentes y distintos, pero no masificadamente iguales.
En esto se entiende que los hombres, todos, sin distinción, pueden estar y son aceptados dentro de la Iglesia, incluso si son homosexuales puesto que la misma Iglesia, somos una comunidad de pecadores.
Si así no fuera, Nuestro Señor Jesucristo no hubiera venido por nosotros, ya que él vino por los pecadores, para salvarnos…
Mt 9,10-13 Y sucedió que estando él a la mesa en casa de Mateo, vinieron muchos publicanos y pecadores, y estaban a la mesa con Jesús y sus discípulos. Al verlo los fariseos decían a los discípulos: «¿Por qué come vuestro maestro con los publicanos y pecadores?» Mas él, al oírlo, dijo: «No necesitan médico los que están fuertes sino los que están mal. Id, pues, a aprender qué significa aquello de: Misericordia quiero, que no sacrificio. Porque no he venido a llamar a justos, sino a pecadores.»
Por eso resulta difícil comprender tanto odio hacia la Iglesia, ya que si uno de estos gay, como así les gusta que se los llame, tuviera la horrenda desgracia de enfermar de sida, cosa posible en un mundo que no distingue ya con este flagelo; a hombres, mujeres, niños y hasta niños por nacer, y fuera a dar a una cama de hospital para terminar sus días allí, yo no sé si habrá al lado de su lecho alguno de estos políticos que han votado estas leyes autorizando y dando un marco legal a las uniones homosexuales.
Tampoco sé si habrá a su lado algunos de estos activistas que alguna vez marcharon semidesnudos por las calles manifestando su orgullo de ser «gay».
Y desconozco si habrá algunos de estos jueces que han llevado a cabo estas uniones o han favorecido esto que insisten en llamar matrimonio «gay»
Pero de lo que sí estoy seguro, es que habrá sin dudas una monjita católica para asistir al moribundo. Como también estoy seguro que a ese homosexual que estará muriendo, lo visitará algún sacerdote de la Iglesia católica.
Como siempre estuvo la Iglesia al lado de los más pobres, enfermos y necesitados, cuidando de ellos. Como cuando aquellos iluminados, que en un tiempo quemaban iglesias, profanaban monjas, y luego las mataban junto con los curas y robaban todo lo que más podían bajo el pretexto de «arreglar el mundo», y quitar del medio «el opio de los pueblos», como ellos decían…, cuando todo eso se acabó, no sólo siguió habiendo pobres, sino que su número se multiplicó en cientos de miles…, y allí estuvo la Iglesia para darles de comer, recoger los restos y reconstruir las sociedades diezmadas y desvalijadas. Para el consuelo de las familias que habían perdido a sus seres queridos en una más de las estúpidas guerras de estos que aparecen cuando todo está ordenado para desordenarlo. Y uno no se explica tanto odio, como no se explica tanta mentira, tanta deformación de la verdad y tanta aceptación por parte de las personas a las que se les miente y se les hace creer que lo malo es bueno y que lo que es contra natura es natural… comenzando con la gran confusión acerca del amor.
Hoy se le dice amor a cualquier cosa… a cualquier sustituto o placebo del amor. ¿Será por eso tanto odio… porque no abunda el amor auténtico… porque no se conoce el amor verdadero?
También eso está fuera de un lenguaje correcto entonces…
La atracción por seres del mismo sexo no es amor conyugal, puesto que el amor conyugal comprende un proyecto de vida que incluye como posibilidad la procreación. En una pareja entre mujer y hombre, si esta posibilidad no se diera en el plano biológico, podría darse en el plano legal y afectivo a través de la adopción, ya que siempre habrá una madre dentro de una mujer, y un potencial padre en un hombre.
Una unión entre dos del mismo sexo, es una unión viciosa y estéril. Viciosa porque se alimenta a sí misma de un placer meramente carnal sin ninguna otra posibilidad ni alternativa. Es una relación que no conduce fuera de los límites del mero placer carnal. Y estéril, porque ni siquiera en los participantes hay posibilidad de crecimiento y realización alguna a nivel ser humano, más que una equivocada sensación de «pertenecerse el uno al otro», que en realidad depende de muy pocos elementos para sustentarse.
En ese caso podría darse igualmente una relación de amistad, como de hecho hay millones de casos, sin la participación necesaria del sexo en una relación entre dos mujeres o dos hombres.
Es más, si se incorpora el sexo como elemento a una relación de amistad, es muy probable que esta se degrade, se corrompa y se termine.
Si es por ocuparse de algún pequeño del que nadie se ocupa y no por «poseer en propiedad» un niño a cargo, una relación de amistad entre dos del mismo sexo no encontraría impedimento en ocuparse de ese niño, del que nadie se ocupa. Incluso si fueran más de dos, que fueran un grupo más numeroso de hombres y/o mujeres que se ocuparan de uno o más niños, eso los elevaría como personas…
Pero un pretendido y mal llamado «matrimonio homosexual» que caprichosamente quiera «adoptar» un niño, el que indudablemente estará expuesto a la inmoralidad de ver o saber que las personas que lo cuidan tienen relaciones anormales entre ellos, eso es una depravación inadmisible y una prueba de la gigantesca y descomunal estupidez de la que hacen ostentación quienes proponen y apoyan estas cosas. O en todo caso, de su ignorancia y desconocimiento de los verdaderos valores, tan descomunal y gigantesco como la estupidez a la que me refería.
Ni siquiera se podría llamar relación sexual a una unión así, ya que para que haya tal, son necesarios los dos órganos sexuales, complementarios por oposición entre sí, y hasta donde yo sé, el culo no es un órgano sexual, como tampoco lo es un artefacto, por más parecido a un pene que se lo haya fabricado. Digamos entonces las cosas por sus nombres, que para eso lo tienen, porque de lo contrario nos estamos engañando entre nosotros y a nosotros mismos.

De líderes y caudillos de la Argentina

Hoy, lo que se conoce como democracia, dista mucho de serlo de verdad. Han creado un sistema con ciertos parecidos, pero con características tales que hacen el camino llano a los incapaces de hacer algo por los pueblos, pero muy capaces para lograr sus propios beneficios y objetivos.

Tal como está hoy planteada esta pseudo democracia, que en realidad es más bien una anarquía atea con barniz de democracia, es el caldo ideal que se han ido generando ellos mismos: los demagogos.

Los demagogos no tienen más Dios que la soberanía del pueblo ni más templos que los comités, donde hacen culto a su extravagante deidad: ellos mismos, y por soberanía del pueblo no entienden más que la voluntad y dictados de su propio partido.

En sus lugares de reunión, tal como si fueran los cuarteles de su alto mando, se reúnen a pergeñar estrategias para la destrucción sistemática de las instituciones tradicionales establecidas y sabotear todo noble intento, venga de donde venga, de salvaguardar dichas instituciones.

Pretendidamente dicen querer el orden y la paz, pero sus verdaderas intenciones ¡y sobre todo acciones!, apuntan más bien a todo lo contrario; a saquear, a matar, a robar, a destruir y sacudir permanentemente a la sociedad con conflictos y tensiones de todo tipo, aunque sus discursos, en tiempos en que esto no les es posible, están cargados de palabras humanitarias y van encendiendo una vela por la paz cada vez que se dirigen al pueblo.

Desde los gobiernos de los países, y en nombre de este sistema actual al que pomposamente llaman «democracia», reinante en gran parte del mundo, se subvenciona grandemente a estos partidos, mediante la previa legislación establecida a este fin, y que se ha plantado como una semilla maligna en sus cartas magnas, esperando el cíclico momento de retornar y cambiar el poder de manos, ya que la demagogia está en el oficialismo de hoy, que será la oposición de mañana, y en la oposición de hoy, que será el oficialismo de mañana.

Quienes pertenecen a esta especie de prosapia que es la demagogia, hacen de ella un verdadero arte. Sobre todo en sus discursos públicos, donde ambos lados, oficialismo y oposición despliegan toda su verbosidad como la cola de los pavos reales en los foros de discusión pública; congresos, consejos, etc. y hasta en los medios de comunicación.

Hasta llegan a ser admirados en el exterior por sus discursos… citados y hasta emulados en otras partes del mundo.

Y mientras los ciudadanos se arroban detrás de sus palabras, ellos se roban todo lo que más pueden de los bienes que son comunes a todos… y lo que no se pueden robar, lo venden o lo dan en concesión de por vida y se quedan con el cobro de las ganancias.

Y así se va perdiendo cada vez más de una nación como la nuestra, en la que los ciudadanos estamos sometidos dulcemente con cuentos de sueños de patrias grandes, que nunca llegarán a serlo por los caminos propuestos por la casta de los demagogos.

Aunque tarde o temprano, las dificultades del país, que ellos mismos han generado, mueve también el piso donde están parados.

Entonces salen a cazar enemigos y culpables.

Los primeros de la lista son los del pasado… esos a los que se refieren como: -la pesada carga recibida de la gestión anterior-…

Y se sigue buscando y rebuscando, sirviéndose de las legítimas instituciones, previa y convenientemente contaminadas y corrompidas, en años cada vez más lejanos en la historia, hasta que ya es dificultoso encontrarlos vivos.

Entonces se buscan otros culpables y se apunta seguidamente el periodismo, a los medios de comunicación, que como por arte de magia se convierten entonces en los peores enemigos de los pueblos.

Pueblos que pasan a dividirse y a tomar partido por causas distintas en vez de abrazar una sola causa: la construcción de una nación.

Las naciones se dividen espiritualmente. El espíritu como nación se fragmenta en pedazos que ya no encajan… y ya se sabe: los reinos divididos no existen. Si un reino se divide en dos, ya no es un reino; son dos reinos diferentes.

Y se establece lo irreconciliable, lo irreparable, que recuerda aquél dicho diabólico de: divide y reinarás…

Por un lado el ateismo y por otro el fundamentalismo que se aprovechan de ese espíritu abierto como nación que tradicionalmente ha tenido un país como el nuestro, llegados desde lugares remotos con las grandes corrientes de inmigraciones ocurridas en ciertos momentos de nuestra historia como patria, arribando a estas tierras pos su promesa de libertad, trabajo, seguridad y prosperidad, y encontrando a la vez campo fértil para sus ideas, filosofías, teorías, con las que sistemáticamente se ha experimentado sobre un pueblo tradicionalmente puro y no contaminado con las aberraciones europeas del ateísmo práctico de aquellos filósofos y científicos que los demagogos se han encargado de difundir como grandes pensadores y aportadores con sus ideas a la humanidad. Pero no es otra cosa que el ir quitando mediante este sistema de penetración cultural, los verdaderos y genuinos valores en las personas, hasta llegar a dejarlos sin Dios ni conciencia, convertidos en autómatas masificados, fácilmente manejables y convenientemente utilizables.

Pero es menester vaciarlos antes. Vaciar su religión, su conciencia… dejarlos sin refugios para que sean siempre vulnerables y fácilmente «encontrables».

Que no tengan sentido de familia, de dignidad, de la vida, para que todo lo que consideran de valor sea el partido, el movimiento… y luego, en último lugar: ellos, los hombres.

Los hombres pasan… las instituciones quedan… dirán… poniendo a las instituciones en el supremo lugar, en el altar de los dioses a los que los demagogos dicen que hay que adorar.

Mientras tanto, el combate que se libra cotidianamente en las calles y en todo lugar, donde reina el miedo, el terror y la muerte por dos pesos. Esa guerra sin ejércitos ni policía que la combatan, puesto que las instituciones han sido desmanteladas convenientemente, o reducidas en sus tareas, acotando y supeditando sus funciones a otros burocráticos poderes, en la que los ciudadanos quedan expuestos en su integridad, en su seguridad, en sus derechos auténticos y genuinos de hijos legítimos de una nación que se supone «libre y soberana», y que sin embargo se encuentra subyugada por los demagogos, que se refugian y se valen de lo que ellos llaman: «la justicia del pueblo», donde el «mayor número», cualquiera sea la cantidad y calidad significa «todo el derecho y la razón».

Su poder está en «la urna electoral», a la que adoran como si fuera el arca de la alianza, y a la que hacen adorar a todo el pueblo, puesto que se lo convence de que solamente allí está su poder… el único que existe y el que les pertenece… ¡su mayor herencia está allí con todos sus derechos!…

Su mayor rango como ciudadanos y como seres humanos en la cumbre de la escala zoológica ¡es su derecho a votar!… en la posibilidad de elegir y de ser elegidos… lo que significa ya no sólo pertenecer a un lado o a otros en un país dividido a lo largo y a lo ancho en partidismos, sino ingresar, al ser elegidos, en una casta… en el otro tipo de división en capas de sociedad. Ya no en divisiones geográficas donde se pueden apreciar los colores de las zonas, de las regiones, de las provincias etc., sino de las escalas sociales divididas en castas y regidas por el mismo sistema sucesorio.

Si por fortuna, un ciudadano común, «salido del montón», como se suele decir, llega a ingresar al mundo de la demagogia, (para esto debe convertirse previamente a la religión de la demagogia), llegará a pertenecer o a iniciar una casta, donde compartirá secretamente al principio y luego ya no importará, los «beneficios de pertenecer».

Y bastará con que dé muestras cabales de su conversión con actos verdaderamente audaces a los principales «sumos sacerdotes» de la demagogia, quienes lo convocarán y lo ayudarán a colocarse en lugares de privilegio dentro de una de las castas de la demagogia, donde incluso podrá ir ascendiendo hasta tener él mismo su propia iniciativa demagógica y pasar a integrar ese ciclo donde a veces se es oficialismo y otras veces oposición.

Pero las castas, al ser divididas como las capas de un sándwich, abarcan toda la nación y llegan a cubrir todo el territorio, mientras que los partidarios de uno u otro demagogo se ven reducidos a una parte o fracción del imaginario mapa de la nación, no pudiendo avanzar sobre determinadas fronteras o no pudiendo salir de determinados círculos, puesto que están encerrados en una ideología, sobre la que se le ha convencido que la posee por decisión propia.

Aquél que pertenece o ingresa a estas castas, tiene sin embargo libre acceso a cualquier territorio. Puede llegar a donde quiera ir sin obstáculos ni problemas, ya que las castas a todos lados llegan.

Esto que parece un galimatías no lo es.

Los pueblos con un gobierno que no se desbarate al mandar, deben hacerlo desde una autoridad indiscutible. Pero si se comienza a discutir por qué tal o cual tiene el derecho de mandar, allí se derrumba la obediencia.

Cuando Nuestro Señor Jesucristo dice a Pilato: No tendrías sobre mí ningún poder si no se te hubiera dado desde lo alto, se refiere al origen genuino del poder que proviene de Dios, tal como lo tiene Él mismo.

Y ahí está entonces, donde el demagogo, quita a Dios del medio y hace esta pregunta: ¿por qué tal o cual tiene el derecho de mandar?

El preámbulo de nuestra constitución así lo dice: Dios, fuente de toda razón y justicia… y de Él todas las leyes… comenzando por las cósmicas, por las cuales los planetas se mantienen en perfecto orden y no se chocan, hasta las leyes que conocemos como naturales… comenzando por la ley gravitacional que nos mantiene pegados al piso. Y de ahí las leyes morales y las que le siguen, que en definitivas provienen todas de las mismas leyes sobrenaturales de Dios. Y ahí entonces el conflicto, y nuevamente la pregunta: ¿por qué tal o cual tiene el derecho de mandar?… ¿no es más justo que nosotros decidamos quien nos mande?

Cuando la única razón de que cualquier gobierno esté en el poder es la mayoría, a cada instante se lo puede poner en discusión, ya que las mayorías son sumamente inestables. Un partido la tiene hoy, pero mañana la puede perder. Y la peor infección ideológica que puede contraer cualquier pueblo es la de «la igualdad».

En la naturaleza y según cualquier otra ley, no hay dos seres iguales, comenzando por aquello que dice que somos únicos e irrepetibles.

En la naturaleza está dominada por una cualidad que se puede definir como: «aristocracia», que tiende a la selección natural de los más aptos y dominantes, y estos a su vez se encaminan a conducir y valerse de sus dominados, como los dominados, se inclinan a seguir y beneficiarse de los dominadores… jefes de manadas etc.

Esto mismo lo declaman con su conducta los más enardecidos que reclaman contra los privilegios y denuncian estas diferencias.

No les bastan las infinitas desigualdades que por naturaleza hay entre los hombres que crean otras artificiales que no les repugnan cuando son en provecho de ellos. Quieren distinguirse en alguna forma. Poseer una llave que abra las puertas cerradas para los demás. Conseguir una chapa oficial para su automóvil. Algún distintivo o medalla para su pecho o algún privilegio.

Cuando impera la doctrina de que todos somos iguales y lo contrario es discriminación, cualquier desigualdad engendra el sentimiento diabólico de la envidia. No envidiamos al que posee o al que manda, si éste es superior a nosotros, sino al que posee o nos manda, ¡siendo nuestro igual!

Mientras más pobre es uno de espíritu, más confianza tiene en su propia capacidad, porque es incapaz de juzgar rectamente a los demás.

Se han declamado infinitas sandeces contra el derecho divino de los reyes y gobernantes, y contra la doctrina católica que dice que la autoridad del que gobierna no viene del pueblo sino de Dios.

Aún suponiendo que esta doctrina no fuera cierta, sería una de las más sagaces invenciones del ingenio y su antiquísimo autor, habría penetrado en las mentes humanas mucho mejor y más profundo que los modernos sociólogos y psicólogos de nuestra avanzada y post-moderna época, y habría comprendido  que a la autoridad del que manda hay que darle un fundamento estable y natural, y no esa pobre contabilidad del sufragio universal. O sea: del voto de la mayoría, de la mitad más uno, que a cada minuto cambia.

Si no hay superioridad natural o sobrenatural permanente no hay jefe legítimo. Aquél que no se apoye más que en una votación, que no significa más que en una voluntad de ayer, no puede invocarla contra ella misma, si se siente distinta de ayer. Y aunque yo me haya comprometido a no cambiar de idea por un período de cuatro años, y en realidad la he cambiado y tengo la mayoría suficiente para hacerlo, ¿quién puede alegar derechos adquiridos contra esa mayoría?… ¡fuente única de toda autoridad!…

Fundar el poder sobre las mayorías, es asentar sobre arena el pesadísimo edificio del orden social. Se necesitan cimientos de piedra. Un solo voto que se cruce de vereda manda al diablo la autoridad que en él se fundaba.

En cambio, a un rey que reina porque es hijo de reyes y es heredero de una corona, no le pueden discutir sus títulos ni siquiera sus propios hermanos, porque él es el primogénito… y en todo caso; nunca serán muchos los que se sientan con derecho a discutírselo.

También a un jefe que manda porque se impuso a causa de su genio; César, Tamerlán o el mismo Mahoma… tampoco lo pueden discutir sino sus iguales y éstos no han de ser muchos.

Convencer a un pueblo que quien manda y lo oprime, no tiene más poder que el que ayer le prestó la mayoría, es quitar al gobierno su fundamento sagrado y hacerlo una simple criatura de la más caprichosa entidad que existe en el mundo: «la opinión pública», mujerzuela impresionable y tornadiza que hoy lleva al héroe coronado al capitolio, y mañana, sin dar tiempo a que se marchiten las flores de la popularidad lo despeña desde la roca Tarpeya.

Hoy piensa negro y mañana piensa rojo… y sigue creyéndose infalible…

¡Y pensar que hay filósofos de cabeza blanca, que no creen en la infalibilidad de la Iglesia con su unidad doctrinaria de veinte siglos… ¡pero creen en la infalibilidad de la mitad más uno!… que se rectifica cada seis meses… y se contradice cada año…

Por más vuela que se le de, la verdad es esta: el mundo no puede ser gobernado sino por hombres a quienes la naturaleza haya hecho superiores por el nacimiento, que son los príncipes hereditarios, o por el genio o el valor, que son los caudillos.

La tiranía de mil, que es la orgía demagógica, es mil veces peor que la tiranía de uno. La anarquía oprime a los individuos y da rienda suelta a la muchedumbre. La dictadura enfrena a la muchedumbre y da libertad al individuo. Cuando la tiranía del populacho se prolonga sobreviene tal desbarajuste, que el pueblo, ¡el verdadero pueblo!, ansía un libertador.

El hombre enérgico capaz de cortar las cien cabezas de aquella hidra monstruosa… y entonces ocurre éste asombro: El mismo pueblo que antes creía en su propia infalibilidad ya no piensa en elegir él mismo a ese libertador, porque intuitivamente sabe que todo producto de un plebiscito es un ser mediocre y que lo que se necesita aquí, es un ser superior.

Espera a alguien no electo y ni bien aparece, lo reconoce y arroja por la borda como un lastre inútil la doctrina de la elección popular.

Alguna vez, aquél jefe no electo, que se impuso por su propio genio, ha tenido el capricho de convocar al pueblo para que sancione su autoridad…

Hay que ver la alegría con que el pueblo se precipita a las urnas demostrado cuan ufano está de hoy que lo llamen para endosar el hecho consumado.

Esto es un plebiscito: la firma del pueblo sobre la espalda de un dictador.

No hay ejemplo en la historia de que los plebiscitos hayan jamás resultado adversos a los grandes caudillos no elegidos.

El pueblo los vota siempre con entusiasmo… y si no lo votara, el no elegido se encogería de hombros y seguiría gobernando seguro de que su autoridad le viene de Dios y no del pueblo.

El verdadero pueblo tiene asco de la política y una romántica debilidad por esos jefes que suprimen la política.

El gran caudillo que no debe su autoridad al comité, es siempre un hombre superior, sanea el ambiente y libra al pueblo de los infinitos caciques de barro, cuyas pequeñas tiranías mortifican más que las complicadas institucionalidades de un rey absoluto.

Un grano de arena en el zapato es mil veces más fastidioso que un obelisco construido sin ley en medio de una plaza.

Y por un obelisco que se erige cada cuatro siglos con deficiencias institucionales, el cacique de barro me llena de arena los zapatos cada cuatro días. Esta larga explicación, talvez ayude a entender un poco mejor la decisión de algunos caudillos de derrocar esas formas de gobierno que finalmente resultaron molestas a gran parte de la sociedad, que vio con beneplácito como marcharon soldados y tanques por las calles de las ciudades argentinas.

Pero no hubo nobleza ni realeza en los más encumbrados mandantes y al parecer, su autoridad tampoco provenía de Dios.

Provenía sí de algunas de las castas aristocráticas institucionalizadas y hasta talvez hubo alguna intención, pero ningún intento fehaciente, por atenerse a las leyes supremas. Esas leyes que ponen arriba de todo y por delante de todo a la vida como valor supremo, luego la patria, la propiedad privada etc.

Con el agravante que entre los subordinados se infiltraron también muchos caciques de barro con sus «Motus propio operandi» y sin adherir fielmente al espíritu original de los liderazgos más altos, y aunque parezca increíble; arrastrando y precipitando a muchos de estos líderes de entonces al sitio mismo de los demagogos, quienes dando la espalda a sus antiguos postulados e ideales de levantar y llevar las banderas de Dios y de su Iglesia como signo de sus gobiernos, también cayeron en el lugar común del ateismo, en definitiva; quedaron muchos de ellos enmarcados en la misma demagogia atea que intentaron destruir y erradicar de la nación.

Esos líderes naturales que nacieron así, de acuerdo a una selección natural de la especie, para mandar, para conducir, para gobernar, se corrompieron.

Han corrompido, muchos de ellos su corazón y han pactado con aquél poder que lo promete todo y nada concede, porque no puede dar nada… porque no tienen nada. Han hecho de su corazón puro un manojo de corrupción insensible e insaciable. Los insensibles necesitan de cada vez mayores estímulos para seguir sintiendo. Como esos a quienes les gusta escuchar alto el volumen de la música y se van quedando sordos… insensibles. Entonces necesitan elevar cada vez más el volumen dado a su insensibilidad.

Igualmente pasa con el poder si no se posee pureza de corazón. El poder los va haciendo insensibles y necesitan cada vez más poder para sentirse poderosos. Necesitan que sus baños de masas sean cada vez más numerosos y frecuentes si lo que los ha llevado al poder son las masas.

Necesitan tener cada vez más dinero, si lo que los ha llevado al poder es el dinero… y por lo general no es una sola cosa, sino que se combinan los poderes; los legítimos con los ilegales y todos los demás.

Y así, ese círculo vicioso al que solo puede exorcizar un corazón puro de un rey, de un soldado, de un caudillo, cacique, presidente o lo que fuera, se apodera de éstos y los desvirtúa… pierden sus virtudes originales con que Dios y la naturaleza los habían dotado para bien de todos.

Perfil de Raúl Jorge Butrón – Windows Live

Nuestra democracia argentina

Hoy, lo que se conoce como democracia, dista mucho de serlo de verdad. Han creado un sistema con ciertos parecidos, pero con características tales que hacen el camino llano a los incapaces de hacer algo por los pueblos, pero muy capaces para lograr sus propios beneficios y objetivos.
Tal como está hoy planteada esta pseudo democracia, que en realidad es más bien una anarquía atea con barniz de democracia, es el caldo ideal que se han ido generando ellos mismos: los demagogos.
Los demagogos no tienen más Dios que la soberanía del pueblo ni más templos que los comités, donde hacen culto a su extravagante deidad: ellos mismos, y por soberanía del pueblo no entienden más que la voluntad y dictados de su propio partido.
En sus lugares de reunión, tal como si fueran los cuarteles de su alto mando, se reúnen a pergeñar estrategias para la destrucción sistemática de las instituciones tradicionales establecidas y sabotear todo noble intento, venga de donde venga, de salvaguardar dichas instituciones.
Pretendidamente dicen querer el orden y la paz, pero sus verdaderas intenciones ¡y sobre todo acciones!, apuntan más bien a todo lo contrario; a saquear, a matar, a robar, a destruir y sacudir permanentemente a la sociedad con conflictos y tensiones de todo tipo, aunque sus discursos, en tiempos en que esto no les es posible, están cargados de palabras humanitarias y van encendiendo una vela por la paz cada vez que se dirigen al pueblo.
Desde los gobiernos de los países, y en nombre de este sistema actual al que pomposamente llaman «democracia», reinante en gran parte del mundo, se subvenciona grandemente a estos partidos, mediante la previa legislación establecida a este fin, y que se ha plantado como una semilla maligna en sus cartas magnas, esperando el cíclico momento de retornar y cambiar el poder de manos, ya que la demagogia está en el oficialismo de hoy, que será la oposición de mañana, y en la oposición de hoy, que será el oficialismo de mañana.
Quienes pertenecen a esta especie de prosapia que es la demagogia, hacen de ella un verdadero arte. Sobre todo en sus discursos públicos, donde ambos lados, oficialismo y oposición despliegan toda su verbosidad como la cola de los pavos reales en los foros de discusión pública; congresos, consejos, etc. y hasta en los medios de comunicación.
Hasta llegan a ser admirados en el exterior por sus discursos… citados y hasta emulados en otras partes del mundo.
Y mientras los ciudadanos se arroban detrás de sus palabras, ellos se roban todo lo que más pueden de los bienes que son comunes a todos… y lo que no se pueden robar, lo venden o lo dan en concesión de por vida y se quedan con el cobro de las ganancias.
Y así se va perdiendo cada vez más de una nación como la nuestra, en la que los ciudadanos estamos sometidos dulcemente con cuentos de sueños de patrias grandes, que nunca llegarán a serlo por los caminos propuestos por la casta de los demagogos.
Aunque tarde o temprano, las dificultades del país, que ellos mismos han generado, mueve también el piso donde están parados.
Entonces salen a cazar enemigos y culpables.
Los primeros de la lista son los del pasado… esos a los que se refieren como: -la pesada carga recibida de la gestión anterior-…
Y se sigue buscando y rebuscando, sirviéndose de las legítimas instituciones, previa y convenientemente contaminadas y corrompidas, en años cada vez más lejanos en la historia, hasta que ya es dificultoso encontrarlos vivos.
Entonces se buscan otros culpables y se apunta seguidamente el periodismo, a los medios de comunicación, que como por arte de magia se convierten entonces en los peores enemigos de los pueblos.
Pueblos que pasan a dividirse y a tomar partido por causas distintas en vez de abrazar una sola causa: la construcción de una nación.
Las naciones se dividen espiritualmente. El espíritu como nación se fragmenta en pedazos que ya no encajan… y ya se sabe: los reinos divididos no existen. Si un reino se divide en dos, ya no es un reino; son dos reinos diferentes.
Y se establece lo irreconciliable, lo irreparable, que recuerda aquél dicho diabólico de: divide y reinarás…
Por un lado el ateismo y por otro el fundamentalismo que se aprovechan de ese espíritu abierto como nación que tradicionalmente ha tenido un país como el nuestro, llegados desde lugares remotos con las grandes corrientes de inmigraciones ocurridas en ciertos momentos de nuestra historia como patria, arribando a estas tierras pos su promesa de libertad, trabajo, seguridad y prosperidad, y encontrando a la vez campo fértil para sus ideas, filosofías, teorías, con las que sistemáticamente se ha experimentado sobre un pueblo tradicionalmente puro y no contaminado con las aberraciones europeas del ateísmo práctico de aquellos filósofos y científicos que los demagogos se han encargado de difundir como grandes pensadores y aportadores con sus ideas a la humanidad. Pero no es otra cosa que el ir quitando mediante este sistema de penetración cultural, los verdaderos y genuinos valores en las personas, hasta llegar a dejarlos sin Dios ni conciencia, convertidos en autómatas masificados, fácilmente manejables y convenientemente utilizables.
Pero es menester vaciarlos antes. Vaciar su religión, su conciencia… dejarlos sin refugios para que sean siempre vulnerables y fácilmente «encontrables».
Que no tengan sentido de familia, de dignidad, de la vida, para que todo lo que consideran de valor sea el partido, el movimiento… y luego, en último lugar: ellos, los hombres.
Los hombres pasan… las instituciones quedan… dirán… poniendo a las instituciones en el supremo lugar, en el altar de los dioses a los que los demagogos dicen que hay que adorar.
Mientras tanto, el combate que se libra cotidianamente en las calles y en todo lugar, donde reina el miedo, el terror y la muerte por dos pesos. Esa guerra sin ejércitos ni policía que la combatan, puesto que las instituciones han sido desmanteladas convenientemente, o reducidas en sus tareas, acotando y supeditando sus funciones a otros burocráticos poderes, en la que los ciudadanos quedan expuestos en su integridad, en su seguridad, en sus derechos auténticos y genuinos de hijos legítimos de una nación que se supone «libre y soberana», y que sin embargo se encuentra subyugada por los demagogos, que se refugian y se valen de lo que ellos llaman: «la justicia del pueblo», donde el «mayor número», cualquiera sea la cantidad y calidad significa «todo el derecho y la razón».
Su poder está en «la urna electoral», a la que adoran como si fuera el arca de la alianza, y a la que hacen adorar a todo el pueblo, puesto que se lo convence de que solamente allí está su poder… el único que existe y el que les pertenece… ¡su mayor herencia está allí con todos sus derechos!…
Su mayor rango como ciudadanos y como seres humanos en la cumbre de la escala zoológica ¡es su derecho a votar!… en la posibilidad de elegir y de ser elegidos… lo que significa ya no sólo pertenecer a un lado o a otros en un país dividido a lo largo y a lo ancho en partidismos, sino ingresar, al ser elegidos, en una casta… en el otro tipo de división en capas de sociedad. Ya no en divisiones geográficas donde se pueden apreciar los colores de las zonas, de las regiones, de las provincias etc., sino de las escalas sociales divididas en castas y regidas por el mismo sistema sucesorio.
Si por fortuna, un ciudadano común, «salido del montón», como se suele decir, llega a ingresar al mundo de la demagogia, (para esto debe convertirse previamente a la religión de la demagogia), llegará a pertenecer o a iniciar una casta, donde compartirá secretamente al principio y luego ya no importará, los «beneficios de pertenecer».
Y bastará con que dé muestras cabales de su conversión con actos verdaderamente audaces a los principales «sumos sacerdotes» de la demagogia, quienes lo convocarán y lo ayudarán a colocarse en lugares de privilegio dentro de una de las castas de la demagogia, donde incluso podrá ir ascendiendo hasta tener él mismo su propia iniciativa demagógica y pasar a integrar ese ciclo donde a veces se es oficialismo y otras veces oposición.
Pero las castas, al ser divididas como las capas de un sándwich, abarcan toda la nación y llegan a cubrir todo el territorio, mientras que los partidarios de uno u otro demagogo se ven reducidos a una parte o fracción del imaginario mapa de la nación, no pudiendo avanzar sobre determinadas fronteras o no pudiendo salir de determinados círculos, puesto que están encerrados en una ideología, sobre la que se le ha convencido que la posee por decisión propia.
Aquél que pertenece o ingresa a estas castas, tiene sin embargo libre acceso a cualquier territorio. Puede llegar a donde quiera ir sin obstáculos ni problemas, ya que las castas a todos lados llegan.
Esto que parece un galimatías no lo es.
Los pueblos con un gobierno que no se desbarate al mandar, deben hacerlo desde una autoridad indiscutible. Pero si se comienza a discutir por qué tal o cual tiene el derecho de mandar, allí se derrumba la obediencia.
Cuando Nuestro Señor Jesucristo dice a Pilato: No tendrías sobre mí ningún poder si no se te hubiera dado desde lo alto, se refiere al origen genuino del poder que proviene de Dios, tal como lo tiene Él mismo.
Y ahí está entonces, donde el demagogo, quita a Dios del medio y hace esta pregunta: ¿por qué tal o cual tiene el derecho de mandar?
El preámbulo de nuestra constitución así lo dice: Dios, fuente de toda razón y justicia… y de Él todas las leyes… comenzando por las cósmicas, por las cuales los planetas se mantienen en perfecto orden y no se chocan, hasta las leyes que conocemos como naturales… comenzando por la ley gravitacional que nos mantiene pegados al piso. Y de ahí las leyes morales y las que le siguen, que en definitivas provienen todas de las mismas leyes sobrenaturales de Dios. Y ahí entonces el conflicto, y nuevamente la pregunta: ¿por qué tal o cual tiene el derecho de mandar?… ¿no es más justo que nosotros decidamos quien nos mande?
Cuando la única razón de que cualquier gobierno esté en el poder es la mayoría, a cada instante se lo puede poner en discusión, ya que las mayorías son sumamente inestables. Un partido la tiene hoy, pero mañana la puede perder. Y la peor infección ideológica que puede contraer cualquier pueblo es la de «la igualdad».
En la naturaleza y según cualquier otra ley, no hay dos seres iguales, comenzando por aquello que dice que somos únicos e irrepetibles.
En la naturaleza está dominada por una cualidad que se puede definir como: «aristocracia», que tiende a la selección natural de los más aptos y dominantes, y estos a su vez se encaminan a conducir y valerse de sus dominados, como los dominados, se inclinan a seguir y beneficiarse de los dominadores… jefes de manadas etc.
Esto mismo lo declaman con su conducta los más enardecidos que reclaman contra los privilegios y denuncian estas diferencias.
No les bastan las infinitas desigualdades que por naturaleza hay entre los hombres que crean otras artificiales que no les repugnan cuando son en provecho de ellos. Quieren distinguirse en alguna forma. Poseer una llave que abra las puertas cerradas para los demás. Conseguir una chapa oficial para su automóvil. Algún distintivo o medalla para su pecho o algún privilegio.
Cuando impera la doctrina de que todos somos iguales y lo contrario es discriminación, cualquier desigualdad engendra el sentimiento diabólico de la envidia. No envidiamos al que posee o al que manda, si éste es superior a nosotros, sino al que posee o nos manda, ¡siendo nuestro igual!
Mientras más pobre es una de espíritu, más confianza tiene en su propia capacidad, porque es incapaz de juzgar rectamente a los demás.
Se han declamado infinitas sandeces contra el derecho divino de los reyes y gobernantes, y contra la doctrina católica que dice que la autoridad del que gobierna no viene del pueblo sino de Dios.
Aún suponiendo que esta doctrina no fuera cierta, sería una de las más sagaces invenciones del ingenio y su antiquísimo autor, habría penetrado en las mentes humanas mucho mejor y más profundo que los modernos sociólogos y psicólogos de nuestra avanzada y post-moderna época, y habría comprendido que a la autoridad del que manda hay que darle un fundamento estable y natural, y no esa pobre contabilidad del sufragio universal. O sea: del voto de la mayoría, de la mitad más uno, que a cada minuto cambia.
Si no hay superioridad natural o sobrenatural permanente no hay jefe legítimo. Aquél que no se apoye más que en una votación, que no significa más que en una voluntad de ayer, no puede invocarla contra ella misma, si se siente distinta de ayer. Y aunque yo me haya comprometido a no cambiar de idea por un período de cuatro años, y en realidad la he cambiado y tengo la mayoría suficiente para hacerlo, ¿quién puede alegar derechos adquiridos contra esa mayoría?… ¡fuente única de toda autoridad!…
Fundar el poder sobre las mayorías, es asentar sobre arena el pesadísimo edificio del orden social. Se necesitan cimientos de piedra. Un solo voto que se cruce de vereda manda al diablo la autoridad que en él se fundaba.
En cambio, a un rey que reina porque es hijo de reyes y es heredero de una corona, no le pueden discutir sus títulos ni siquiera sus propios hermanos, porque él es el primogénito… y en todo caso; nunca serán muchos los que se sientan con derecho a discutírselo.
También a un jefe que manda porque se impuso a causa de su genio; César, Tamerlán o el mismo Mahoma… tampoco lo pueden discutir sino sus iguales y éstos no han de ser muchos.
Convencer a un pueblo que quien manda y lo oprime, no tiene más poder que el que ayer le prestó la mayoría, es quitar al gobierno su fundamento sagrado y hacerlo una simple criatura de la más caprichosa entidad que existe en el mundo: «la opinión pública», mujerzuela impresionable y tornadiza que hoy lleva al héroe coronado al capitolio, y mañana, sin dar tiempo a que se marchiten las flores de la popularidad lo despeña desde la roca Tarpeya.
Hoy piensa negro y mañana piensa rojo… y sigue creyéndose infalible…
¡Y pensar que hay filósofos de cabeza blanca, que no creen en la infalibilidad de la Iglesia con su unidad doctrinaria de veinte siglos… ¡pero creen en la infalibilidad de la mitad más uno!… que se rectifica cada seis meses… y se contradice cada año…
Por más vuela que se le de, la verdad es esta: el mundo no puede ser gobernado sino por hombres a quienes la naturaleza haya hecho superiores por el nacimiento, que son los príncipes hereditarios, o por el genio o el valor, que son los caudillos.
La tiranía de mil, que es la orgía demagógica, es mil veces peor que la tiranía de uno. La anarquía oprime a los individuos y da rienda suelta a la muchedumbre. La dictadura enfrena a la muchedumbre y da libertad al individuo. Cuando la tiranía del populacho se prolonga sobreviene tal desbarajuste, que el pueblo, ¡el verdadero pueblo!, ansía un libertador.
El hombre enérgico capaz de cortar las cien cabezas de aquella hidra monstruosa… y entonces ocurre éste asombro: El mismo pueblo que antes creía en su propia infalibilidad ya no piensa en elegir él mismo a ese libertador, porque intuitivamente sabe que todo producto de un plebiscito es un ser mediocre y que lo que se necesita aquí, es un ser superior.
Espera a alguien no electo y ni bien aparece, lo reconoce y arrojando por la borda como un lastre inútil la doctrina de la elección popular.
Alguna vez, aquél jefe no electo, que se impuso por su propio genio, ha tenido el capricho de convocar al pueblo para que sancione su autoridad…
Hay que ver la alegría con que el pueblo se precipita a las urnas demostrado cuan ufano está de hoy que lo llamen para endosar el hecho consumado.
Esto es un plebiscito: la firma del pueblo sobre la espalda de un dictador.
No hay ejemplo en la historia de que los plebiscitos hayan jamás resultado adversos a los grandes caudillos no elegidos.
El pueblo los vota siempre con entusiasmo… y si no lo votara, el no elegido se encogería de hombros y seguiría gobernando seguro de que su autoridad le viene de Dios y no del pueblo.
El verdadero pueblo tiene asco de la política y una romántica debilidad por esos jefes que suprimen la política.
El gran caudillo que no debe su autoridad al comité, es siempre un hombre superior, sanea el ambiente y libra al pueblo de los infinitos caciques de barro, cuyas pequeñas tiranías mortifican más que las complicadas institucionalidades de un rey absoluto.
Un grano de arena en el zapato es mil veces más fastidioso que un obelisco construido sin ley en medio de una plaza.
Y por un obelisco que se erige cada cuatro siglos con deficiencias institucionales, el cacique de barro me llena de arena los zapatos cada cuatro días. Esta larga explicación, talvez ayude a entender un poco mejor la decisión de algunos caudillos de derrocar esas formas de gobierno que finalmente resultaron molestas a gran parte de la sociedad, que vio con beneplácito como marcharon soldados y tanques por las calles de las ciudades argentinas.
Pero no hubo nobleza ni realeza en los más encumbrados mandantes y al parecer, su autoridad tampoco provenía de Dios.
Provenía sí de algunas de las castas aristocráticas institucionalizadas y hasta talvez hubo alguna intención, pero ningún intento fehaciente, por atenerse a las leyes supremas. Esas leyes que ponen arriba de todo y por delante de todo a la vida como valor supremo, luego la patria, la propiedad privada etc.
Con el agravante que entre los subordinados se infiltraron también muchos caciques de barro con sus «Motus propio operandi» y sin adherir fielmente al espíritu original de los liderazgos más altos, y aunque parezca increíble; arrastrando y precipitando a muchos de estos líderes de entonces al sitio mismo de los demagogos, quienes dando la espalda a sus antiguos postulados e ideales de levantar y llevar las banderas de Dios y de su Iglesia como signo de sus gobiernos, también cayeron en el lugar común del ateismo, en definitiva; quedaron muchos de ellos enmarcados en la misma demagogia atea que intentaron destruir y erradicar de la nación.
Esos líderes naturales que nacieron así, de acuerdo a una selección natural de la especie, para mandar, para conducir, para gobernar, se corrompieron.
Han corrompido, muchos de ellos su corazón y han pactado con aquél poder que lo promete todo y nada concede, porque no puede dar nada… porque no tienen nada. Han hecho de su corazón puro un manojo de corrupción insensible e insaciable. Los insensibles necesitan de cada vez mayores estímulos para seguir sintiendo. Como esos a quienes les gusta escuchar alto el volumen de la música y se van quedando sordos… insensibles. Entonces necesitan elevar cada vez más el volumen dado a su insensibilidad.
Igualmente pasa con el poder si no se posee pureza de corazón. El poder los va haciendo insensibles y necesitan cada vez más poder para sentirse poderosos. Necesitan que sus baños de masas sean cada vez más numerosos y frecuentes si lo que los ha llevado al poder son las masas.
Necesitan tener cada vez más dinero, si lo que los ha llevado al poder es el dinero… y por lo general no es una sola cosa, sino que se combinan los poderes; los legítimos con los ilegales y todos los demás.
Y así, ese círculo vicioso al que solo puede exorcizar un corazón puro de un rey, de un soldado, de un caudillo, cacique, presidente o lo que fuera, se apodera de éstos y los desvirtúa… pierden sus virtudes originales con que Dios y la naturaleza los habían dotado para bien de todos.

EN SU HOMENAJE, MI GENERAL

Desde este sencillo y humilde lugar, queremos hacer, aunque más no sea, este pequeño homenaje al Libertador General don José de San Martín… y aunque ya haya pasado la fecha de su paso definitivo a la gloria…
Gloria que le fue negada aquí entre nosotros y que él mismo rechazó, cuando vio que no era para que el pueblo liberado del enemigo externo, siguiera su camino desarrollándose como nación, sino para que fuera presa del peor enemigo que los pueblos puedan tener; ¡sus mismos gobernantes!
Quisieron «nombrarlo»… darle un lugar de privilegio dentro del gobierno.
Buscaban la figura de alguien popular… con fama… ¡creíble!, ya que ellos no lo eran… esos judas cuya intención sólo fue la de enriquecerse…
San Martín… que creaste un ejército para que el enemigo no pusiera sus manos sobre nuestro país… ahora ese ejército está desmantelado… relegado… juzgado y exterminado por los enemigos internos, muchos de ellos salidos incluso de sus mismas filas…
Por esos enemigos que venden inescrupulosamente las tierras de los argentinos al extranjero… ¡provincias casi enteras!… donde la minería mata toda posibilidad de vida con sus venenos, ¡demuele montañas! y se consume todas nuestras reservas naturales de agua…
Y ahora ya asientan sus bases para aterrizar sus aviones en nuestro territorio.
No les basta con chuparse todo nuestro petróleo desde las plataformas marinas en nuestras Malvinas… y me pregunto: ¿Dónde están las protestas?
San Martín… ahora corre el rumor de que te quieren sacar de la catedral mayor de los argentinos, donde vos mismo manifestaste que querías que tus restos descansaran, porque dicen que fuiste masón…
Has hecho bien mi general, en no pactar con los canallas de ayer, que son los mismos de siempre: los de ayer, los de mañana y los de ahora…
No hemos advertido de tus homenajes en los medios, salvo algunas pequeñas muestras, a las que no calificamos como: «honrosas excepciones», porque no fueron suficientes… y nunca serán suficientes, querido padre de la patria…
Hoy los canallas y asesinos tienen más prensa que nuestros verdaderos próceres… y sus caras están en las remeras de los chicos…
Es necesario «poner caras populares» y fabricar figuras a medida para tapar las intenciones espurias de estas bestias que han llegado al poder para diezmarnos… dejarnos sin nada. Sin educación, sin generaciones futuras, sin tradiciones,… sin nada… y ya no tenemos quien nos defienda… tu ejercito ya no existe… han puesto a una mascarita de algún carnaval pasado para que sea quien manda sobre todas las fuerzas armadas… una verdadera burla.
Hoy el dolor nos ahoga y nos hemos convertido en ovejas de matadero. La amargura ya está entre nosotros, pero no se la ve todavía en la totalidad de las personas, mi general… porque las conciencias tardan en reaccionar… están anestesiadas, dormidas, y mucho me temo que será demasiado tarde cuando despertemos.
Hará falta otro José Francisco, pero quien sabe si lo habrá…

COMENTARIOS ABURRIDOS

Han comentado mi nota «los homosexuales me aburren» y debo decir que quien lo ha hecho pretende que ingrese su comentario en este blog, cosa que no haré, puesto que no vale la pena por lo aburrida y mal hecha, puesto que quien la escribe; un simpático homosexual, desconoce las elementales reglas de la ortografía, puesto que me ha escrito jubilado con ve corta, por ejemplo, y desconozco qué quiere decirme con «hexagenario» en su último mail.
Este simpático homosexual, del cual seguramente su mamá, su papá, y toda su familia estarán muy orgullosos de su condición homosexual, al menos es lo que deja entrever en sus palabras, ha proferido contra mí una gran cantidad de insultos cargados de odio y condena a mis palabras y a mi persona.
Respecto a eso, debo decir que otras veces he sido insultado, pero con mucha más categoría y cultura, o al menos sin faltas de ortografía, lo que hizo en esas otras oportunidades, hasta divertido el insulto recibido. Pero debo decirte, querido asselbornmauro que tus comentarios e insultos hacia mi persona, a la que obviamente desconoces, siguen siendo aburridos.
Si me permites un consejo, no leas más mi blog y búscate algo que esté más acorde con tu nivel y tus preferencias personales. No hay obligación de leer este blog, de coincidir con lo que en él se vierte, ni mucho menos hay obligación de pensar de la misma manera. El mismo derecho que tienes tú de hacer con lo tuyo lo que creas que está bien, me asiste a mí para hacer lo mismo. ¿No te parece?

ESTOS Y AQUELLOS

Cuando uno se puntualiza: estos y aquellos, puede que se refiera a los de acá y los de allá, los de este lado y los de aquél, los unos y los otros, nosotros y los otros, los de ahora, los del pasado y los del futuro, en fin; estos y aquellos es una expresión que sirve para muchas ocasiones, por eso prefiero aclarar el punto para que no haya dudas sobre aquello a lo que me referiré, ya que «estos», en este caso, son los mismos que «aquellos», ya que como se oye decir en aquel tango: «la historia vuelve a repetirse»…
Estos, que son lo mismo que aquellos por su ideología contraria a Cristo y su Iglesia Católica Apostólica Romana, van reiterando la historia aburrida e insulsa de siempre de su maldad sin intermisión, complicando la vida a las personas que desean vivir en paz, como puedan… pero en paz.
Y traen sus «revolucionarias teorías», donde para vivir mejor hay que practicar la muerte de las nuevas generaciones mediante el infame aborto, o la eutanasia a ancianos y enfermos, (se empieza por ahí y luego se pasa a las «limpiezas étnicas» al mejor estilo hitleriano), y a la perdición de las grandes reservas que tiene la humanidad en los jóvenes, prostituyéndolos con el materialismo a ultranza y con vicios como el alcohol y la droga, los más notorios entre otros, y el último terrible flagelo de la homosexualidad, con todo lo que conlleva, pues trastoca todo valor humano comenzando por el atentado contra los valores naturales. Y ni que hablar de los psíquicos mentales, o yendo más allá; los espirituales.
Y estos, que son los mismos repugnantes ideólogos del caos y la desgracia de siempre, como aquellos, bajo el eufemismo de la igualdad para todos, de lo contrario: discriminación, cuando todo lo que han propuesto fracase, igual que invariablemente fracasó a lo largo de la historia, y a todo el mundo le vaya mal, menos a ellos que se esconderán por un tiempo en algún agujero del mundo con los bolsillos bien llenos. Estos que se valen ahora de los pobres para conseguir los favores de la gente para su propio bien, cuando esa juventud que está siendo utilizada ahora, y vuelta a comprar con «espejitos de colores» de idealismos falsos. Arreados como ovejas al matadero. Cuando esas generaciones que ahora como fieles sirvientes hacen las pintadas en las catedrales y marchan por las calles blasfemando y mostrando «toda su desgracia con orgullo», como quien está orgulloso de tener cáncer… cuando de estas actuales generaciones queden como las colillas en un cenicero, ninguno de estos líderes hará nada por ellos.
El mal del siglo, como se lo denominó en algún momento; el sida… la «peste rosa» como se la conoció al inicio, puesto que los primeros casos resonantes se dieron en las comunidades homosexuales, hoy alcanza a todos: a culpables e inocentes; a varones y mujeres, a heterosexuales y a homosexuales, a adultos, niños, infantes, jóvenes y ancianos.
No sé si se alcanzará la solución a la enfermedad en algún momento, pero la promiscuidad y la ignorancia son su entorno favorito, con lo que sospecho que esos hermanos que hoy están convencidos de defender la igualdad masificante que proponen «estos», que no son otros que «aquellos» mismos, no saben, no se dan cuenta, que son «diferentes», y que la Iglesia Católica Apostólica Romana los acepta tal y como son, como acepta a todos, a cualquiera por «diferente» que sea.
Y quizás nadie llegue nunca a enfermar de sida, eso no lo puedo afirmar, como tampoco es seguro que la señora de Carlotto o la señora de Bonafini, o algunos de los legisladores que han votado para que «puedan casarse», estarán junto a la cama de hospital si llegara a suceder.
Pero sí hay algo seguro; es que si alguno de estos intrépidos jóvenes que hoy reniegan de la Iglesia, del papa y de todo orden lógico natural… y del que trasciende lo natural, llegara a enfermar de sida, que no tenga dudas que junto a su cama hallará a un sacerdote católico y a una religiosa de la Iglesia que él odia y critica, para cuidarlo y asistirlo, aunque se trate de sus últimos momentos en este mundo al que se apega tanto ahora y que; según él, tanta felicidad le trae.

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